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lunes, 20 de febrero de 2017

ATRIBUCIÓN DEL CRISTO DE LA YEDRA DE ÉCIJA (SEVILLA) A LA GUBIA DEL ESCULTOR ALONSO DE MENA

Maudilio Moreno Almenara
 
En un viaje que realizamos hace un par de años a Écija pudimos comprobar la altísima calidad de su imaginería religiosa. Una de las que más llamó nuestra atención fue el Santísimo Cristo de la Yedra, un Crucificado de la primera mitad del siglo XVII que viene atribuyéndose a Juan de Mesa, que como sabemos trabajó en la provincia de Sevilla durante estas fechas. No en vano existen crucificados salidos de su gubia en Osuna y Las Cabezas de San Juan, aparte de por supuesto la capital hispalense, depositaria principal de su obra.  
 
Desde el primer momento pensamos que dicha atribución carecía de fundamento artístico, y no porque la imagen no tenga la calidad suficiente como para estar en la panoplia gestada por el extraordinario escultor cordobés, sino porque su estilo no está presente en este soberbio crucificado.
 
Un simple repaso comparativo con obras de Montañés, Ocampo o Juan de Mesa, nos aclara bastante sobre las divergencias visibles entre esta magnífica obra y algunas de las más señeras obras de los clásicos “hispalenses”.
 
Comenzaremos con Montañés y su soberbio Cristo de los Cálices.  
 
A continuación lo comparamos con Francisco de Ocampo y el Santísimo Cristo del Calvario, otra obra de inusitada calidad.  
 
En ambos casos comprobamos que ambos muslos quedan más al aire que en el Cristo de la Yedra de Écija, quedando el paño “colgado” hacia el lado opuesto.
 
Por último, y de acuerdo con la atribución expresada al comienzo de estas páginas lo comparamos con obras señeras de Juan de Mesa, como el Santísimo Cristo del Amor de Sevilla, que guarda gran parecido con el de la Cofradía del Calvario.  
 
Una de las imágenes cumbre de Juan de Mesa es el Cristo de la Agonía de Vergara.  
 
O también el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la cofradía hispalense de los Estudiantes.  
 
En esta ocasión vemos una mayor variabilidad en los perizomas de Juan de Mesa, caracterizados, no obstante, por su intenso barroquismo y por un virtuosismo fuera de lo común. Se observa una intencionalidad clara en dejar prácticamente expedita una de las caderas, detalle que alcanza su cénit en el singularísimo Cachorro de Triana de Francisco Antonio Ruiz Gijón.
 
Tras este primer repaso comprobamos que poco tiene que ver, especialmente el perizoma de estas imágenes, con la del Cristo de la Yedra. Es por ello que optamos por compararlo con otros coetáneos a estos grandes escultores de la escuela sevillana de escultura, pero de la granadina.
 
Aunque en principio pueda parecer arriesgada esta opción, existen numerosas obras de la escuela granadina que inunda ciudades de la Andalucía Occidental como la propia Osuna, Córdoba, Baena, o la mismísima Écija, lugar en cuya iglesia del Carmen se conserva un magnífico busto de los hermanos García.
 
Animados por este reto nos pusimos manos a la obra para comparar esta pieza con la producción de uno de los más afamados escultores activos en esta primera mitad del siglo XVII en Granada, nos referimos a Alonso de Mena, padre de Pedro de Mena.
 
Así, comenzamos a analizar su soberbio paño de pureza o perizoma, uno de los detalles en los que pueden apreciarse con mayor claridad “la firma” de un imaginero barroco. Iniciamos este recorrido comparativo con el denominado Cristo de los Parrilla de Priego, con el que guarda una gran similitud. Dos sobrantes de tela con caída lateral “escoltan su cintura”, cordón lacerante y pliegue de sujeción que lo cubre bajo el ombligo. El resto del paño cae de forma doble: la pierna izquierda queda cubierta hasta la parte inferior del muslo en curva, sin embargo el de la pierna derecha queda visible hasta casi la cintura y a su lado pende el resto del ropaje anudado.  
 
Si seguimos con esta comparativa nos encontramos con más ejemplos similares, aquí los vemos con otra imagen de un crucificado de Adra (Almería).  
 
Otro ejemplo lo tenemos en el crucificado de la parroquia de la Asunción de Carcabuey (Córdoba).  
 
Otro paño similar es el del Cristo del Desamparo de Madrid.
 
Por último, y por no ser excesivamente exhaustivos, lo comparamos con este otro del crucificado de la Catedral de Málaga.  
 
Es evidente que cada uno de ellos resulta diferente en detalle aunque derivan de una misma composición, en concreto un modelo acuñado por el maestro de Alonso de Mena y Juan Martínez Montañés, Pablo de Rojas. Aquí lo vemos en el soberbio crucificado de la sacristía de la catedral de Granada.  
 
Si la comparación de este perizoma del Cristo de la Yedra de Écija ya nos remite con claridad a la firma del escultor granadino Alonso de Mena, podemos intentar comparar algunos detalles de la anatomía, que también permiten ofrecernos claves sobre su posible atribución. En esta ocasión seguiremos buscando concomitancias entre el Santísimo Cristo de la Yedra de Écija con otras imágenes del crucificado salidas del taller de Alonso de Mena. Repararemos en el tratamiento del tórax, siendo habitual que el escultor granadino señalara con mucha intensidad la arquitectura ósea de esta parte de la anatomía humana, especialmente las costillas y el “marco” de los músculos abdominales. Lo comparamos con el Cristo de la catedral de Málaga, Desamparo de Madrid y Hospital Real de Granada a continuación para comprobar este detalle.  
 
No debemos reparar en exceso en las policromías, pues sabemos que a menudo éstas eran aplicadas por personal del taller o por pintores profesionales, pudiendo diferir unas de otras. Ahora lo comparamos con el crucificado de Adra (Almería) y dos de Carcabuey (Córdoba): 
 
 
Con esta comparativa, ya podemos apreciar unas similitudes evidentes tanto en el perizoma como en la anatomía del tórax.
 
En cuanto al tratamiento de la cabeza, pelo y especialmente la barba, si bien no hay lógicamente dos iguales, sí que se aprecia un mismo estilo, con perilla en la barba cuadrangular alargada, dividida en dos rizos casi simétricos:  
 
Este detalle de la barba está también presente en otras obras del escultor, como en el Cristo de la Columna de la cofradía de la Vera Cruz de Priego (Córdoba):  
 
Por tanto, el cúmulo de concomitancias que hemos venido analizando entre imágenes salidas de la gubia del maestro granadino con el Cristo de la Yedra de Écija permiten asignar más adecuadamente, a nivel de atribución y hasta que no se localice un documento que lo acredite, al escultor granadino Alonso de Mena, que tuvo una producción extensísima, con altibajos propios de su dilatada obra y al concurso obligado de sus oficiales de taller. 
 
 
En este caso, sin embargo, se trata de una de sus probables obras personales más logradas, por la magnífica calidad de la imagen. Es probable que sabedor como era del inusitado prestigio de la escuela sevillana, y conocedor del destino de su obra, quisiera subir varios peldaños en la composición y detallismo de este soberbio crucificado, legándonos una de sus mejores obras. 
 
 
Tal es así, que la atribución tradicional al escultor Juan de Mesa dejaría meridianamente claro el esfuerzo de Alonso de Mena por “poner una pica en Flandes”, adaptarse a los gustos de la otra gran escuela andaluza, aprovechando así un encargo de este tipo en plena provincia de Sevilla y su arzobispado. Esta capacidad de adaptación habría servido para a nuestro juicio que esta obra haya pasado como de escuela sevillana.  
 
Una imagen, en definitiva, que refleja la competitividad de ambos núcleos de escultores de prestigio y la existencia de provincias intermedias que en mayor o menor medida se nutrieron de ambas influencias, como son las de Córdoba (donde existen obras de Pablo de Rojas, Alonso de Mena, los Mora o Pedro de Mena, de la escuela granadina, como de Juan de Mesa o de Roldán, de la sevillana). Algo parecido ocurrió en la provincia de Jaén, en cuya catedral trabajó tanto Alonso de Mena como Roldán.
 
La ciudad de Écija no debió ser ajena a este vaivén de obras de ambas escuelas, lo que no hizo sino servir de inspiración, como en otros lugares, para posteriores creaciones de artistas locales o comarcales.
 
En Andújar también recogimos parte de estas influencias. A la Inmaculada de Alonso de Mena que estuvo en el convento de San Francisco, hemos de añadir las imágenes de los Mora de la cofradía de los Dolores del Carmen. También aquí casó el retablista Antonio Primo, en la iglesia de San Bartolomé (FRÍAS, .....) dejando alguna de su obra. Obras de Sebastián de Solís están documentadas, otras como las atribuciones a Montañés, en concreto la de nuestra imagen de Jesús Nazareno, no sabemos si fruto del cariño que los andujareños le tuvieron y la alta consideración del escultor alcalaíno o finalmente ciertas. Ni tenemos documentos, ni tampoco fotografías de nuestro antiguo titular.
 
En cualquier caso, Andújar, por su doble condición de ciudad geográficamente de paso, en el camino hacia Sevilla, bañada como aquélla por el Guadalquivir, y no obstante, inserta “administrativamente” en el arzobispado de Granada y en concreto en el obispado de Jaén, debió ser también, un crisol de influencias durante el Barroco.

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